Territorios del amor
Los Reyes llegaron con algo de retraso, pero eso concuerda con él, siempre llega tarde.
Cuatro meses antes ya teníamos las entradas. ¿Expectativas? Muy altas al principio, con el paso del tiempo fueron disminuyendo aunque semanas antes del día “L” comenzaron a volver a subir.
Videoclips, temas antiguos, maquetas, noticias, entrevistas… parecía una groupie de esas que odio profundamente. Mi móvil y mi ordenador sólo reproducían una y otra vez aquellas canciones que tanto me gustaban, que tantos recuerdos traían a mi mente… Creo que empiezo a ver unicornios rosas volando entre los arcoiris.
Y el día “L” llegó.
Como si fuera el día mi boda llevaba despierta desde las 7:00 a.m. Antiinflamatorios, crema, shorts, camisetas fan(t)á(s)ticas, gafas de flores y borsalino (lluvia y viento en Sevilla, quién lo iba a decir). Todo el camino repasando las nuevas letras. Y llegué, y ahí estaba él, con su luna reversible en el pecho.
Tinto, esperas, nuevas caras y ya estábamos pisando el césped. Unos 10 minutos de una música apasionante que te hace mover el brazo cual gatito dorado chino (o japonés, vete tú a saber) para conseguir un puesto en las primeras filas.
Tercera fila. Con la mujer más grande que he visto en mi vida delante nuestra, pero a escasos metros del escenario. Todos juntos, deseando que empezara a llamar a los fans de John Boy.
“La Luna de repente nos habló…” y comenzamos a saltar, a cantar, a bailar… “Si quieres, ahora que hay tiempo, empiezo a recitar el nuestro“. A mi lado él, disfrutando como un niño pequeño en un parque, gritando las letras que sólo dos frikis como nosotros podrían saberse.
Canción tras canción la emoción aumentaba y ya no sentía el dolor de la pierna y saltaba, gritaba, intentaba entonar y las letras se interiorizaban… De pronto “Y ya lo sé otra vez ha sucedido volaron los manteles y el domingo se hizo especial”… sus ojos, mis ojos, sus manos en mi cintura, las mías en su cuello, en su pelo… “nada más“. Confesando temores e intenciones refugiándome detrás de la letra de una canción… no perdiendo ni una sola oportunidad.
“¡¡¡¡INCENDIOS DE NIEVE!!!!” (Que no la pidió ni una vez)
“¡¡¡ONIRIA E IMSOMNIA!!!” (Que no me concedieron)
“¡¡¡NOCHES REVERSIBLES!!!”
Me di la vuelta de nuevo, me agarró, me miró y mientras sonaban las primeras palabras él pronunció “Para ti y para mí“. Todo se esfumó, no había luces, ni gritos, ni fans, ni siquiera nosotros dos estábamos allí. “Si pudiera transformar nuestras noches en un ciclo SIN FINAL“. Bailes, sonrisas, miradas a través de los cristales, el corazón latiendo como loco… perdiendo la vergüenza “y ya no me importa que mire la gente”.
“Ya me puedo morir tranquilo”.
Todos pensamos y dijimos lo mismo cuando terminó la actuación, cuando vimos la pasarela de moda y a Santi amándose a sí mismo.
El día “L” terminó tras una actuación impresionante de Fuel Fandango (Fuel Flamenco para los amigos). Gayers locos bailando, un abanico que nadie sabe manejar como ella, una voz arrolladora y una música atractiva aunque demasiado breve.
Y al siguiente día de nuevo en el césped, de nuevo cerca del escenario esperando a que El Chino nos hiciera bailar y saltar. “Sabes esos días...” y sus manos acarician mi cuerpo, esa frase en mi bandera, en mi mente y ahora allí, saliendo de sus labios. Y cómo no… “Tan sólo tres segundos fueron necesarios para quedarme prendado de los gestos de tus manos”, un tema nuevo y nosotros dos éramos los únicos que se sabían la letra, los que disfrutaban y gritaban ¡¡¡Herméticaaaaaa!!!.
Una hora más tarde comenzó El Noni a dejar a la altura del betún a todos los asistentes, dándolo todo en el escenario, disfrutando de la actuación, de cómo levantaba una y otra vez al público, cantando como nunca y volviendo locas a las niñas que gritaban sin descanso “¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOONIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!”, las mismas que se quedaban anonadadas al verle bailar y desvariar, gritando las letras sin voz y demostrando que es insuperable.
Y sentados en el césped delante de !!!, culminó el mejor regalo de Reyes que me podría haber hecho.
Porque una visión compartida tiene que ser real.
“Y ahora me voy a tomar un café”
La verdad es que no puedo quejarme del horario, clases de 10:00 a 14:00 de lunes a viernes. ¡¿Desde cuándo los universitarios tienen clase los viernes?! (Esto debe ser inconstitucional).
Y como cada día, me levanto a las 9:00 (9:15… 9:30… 9:45… ventajas de vivir en La Viña), me visto, desayuno y voy a clase. Dos asignaturas al día, a cual más aburrida, no tanto por el contenido sino por el/la/los/las profesor/a/es/as.
¿Tanto les cuesta hacer una clase amena?
No pido ya que un profesor consiga que me interese su asignatura o que pueda estar motivada y con ganas de aprender (eso es impensable en la UCA), sólo pido que no tenga ganas de morirme cada mañana al ver las caritas de asco y desgana de los profesores, lo ineptos que son (no saben ni usar el sistema operativo de la Facultad, POR DIOS) y lo poco que desean trabajar cada día.
Es divertido cuando te dan la bienvenida el primer día de la carrera, todos los profesores (con sus respectivos cargos que no suelen servir de mucho a los alumnos), te van dando uno a uno un pequeño discursito diciéndote todas las cosas que jamás van a hacer en la Universidad. Porque nunca te harán la vida más fácil, nunca conseguirán que te motiven las asignaturas y nunca resolverán tus dudas.
Esto no pretende ser una crítica al profesorado ni a la Universidad en general. No… sólo un pequeño desahogo. En serio.
Nieve y otros desastres. 1ª parte.
Media hora antes de que saliera el tren ya estaba comprando el billete hacia la capital de Andalucía (qué bonito me ha quedao). Justo 5 minutos antes me monté en el “coche 5, asiento 215“, a la espera de encontrarme con las otras dos petardas en las siguientes estaciones.
La primera recogida fue correcta, nos visitó el revisor y ya sólo quedaba pasar por Jerez y tomar rumbo a nuestras vacaciones italianas.
-Ahí no está María.
-Sí… seguro que está.
-Que no está en el andén. Va a perder el tren.
-Que no… que seguro que se ha montado en el primer vagón y viene hacia aquí.
-No me coge el teléfono, María no se ha montado en el tren.
(El tren empieza a moverse, María aparece por las escaleras, María se pierde en el horizonte)
Llamadas de teléfono, gritos, casi llantos, nervios… en 5 minutos pasó de todo y no pasó nada y María no estaba en nuestro tren.
“Vamos a irnos con tiempo por lo que pueda pasar”.
Irse al aeropuerto 4 horas antes de que tu vuelo salga tiene ciertas ventajas:
1. Puedes comerte tu bocadillo de tortilla (de la noche anterior) con total tranquilidad.
2. Puedes medir tu minimaleta y descubrir que no te dejan subirla al avión, probarla en todos y cada uno de los medidores del aeropuerto, entrar en crisis y descubrir, otra vez, que sí, que te dejan subirla al avión.
3. Puedes llegar a tiempo aunque hayas perdido el tren que te llevaba hacia Sevilla.
4. Puedes pagar casi 3€ por una botella de agua pequeña.
5. Puedes enamorarte de un club de fútbol de a saber dónde.
A nosotras nos pasaron las 5 y otras cuantas más que no se relatarán por vergüenza propia y ajena.
Al fin estábamos en el avión, después de pasar por unas condiciones inconstitucionales y por las que cualquier persona podría interponer un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Pero ya lo peor había pasado… o eso creíamos nosotras…
Exámenes + Dieta = Muerte
Después de pasarte 2 semanas (14 días ni más ni menos) comiendo polvorones, bombones, rosquitos, helado, nata, frutos secos, turrón del blando, del duro, de yema, de coco, de chocolate, de fresa con piña y peras en vino además de ingerir cantidades incontables de cerveza y licores varios, ha llegado la hora de ponerte a dieta. Y es que, chica, los pantalones no te entran y esas camisetas que tan bien te quedaban hace un par de semanas te están tan ceñidas que los estampados están irreconocibles.
Y te ves, de pronto, comprando leche de soja (porque has decidido ir de mujer sana y moderna), lechuga, puerros y pan integral. Has llenado el mueble de infusiones adelgazantes y has escondido una tableta de chocolate en el cajón del fondo para “emergencias“.
Todo para perder 4 kilos en un mes, quien dice 4 dice 5 o dice 1. Dicen que las matemáticas son una ciencia exacta pero yo tengo mis dudas.
Dos semanas. Además tenías dos semanas para hacer todo lo que no habías hecho en 3 meses. Como buena estudiante no te has puesto al día y te encuentras a 7 días de los exámenes y tú aún no te has leído ni un apunte, es más, estás contenta porque has conseguido organizar tu agenda e imprimir todos los temas.
Compras Coca-Cola (Pepsi), café y chocolate negro (ese que escondes en el cajón) y rezas a todos los santos del cielo en los que no crees para que los días tengan más de 24 horas y así poder desaprovechar más minutos de tu vida viendo capítulos repetidos de La que se avecina y Aquí no hay quien viva y aumentando ese sentimiento de culpa que no te hará aprobar y que te enviará al bar más cercano el próximo viernes.
¿Una cervecita?
La calle La Parma
Gritos desde las 8:30, niños (bestias) corriendo en el portal de un lado para otro, vecinas que limpian a las 9 de la mañana, “la petróleo” vendiendo números en la puerta, el disco de El Barrio sonando una y otra vez en el bar de al lado, el camarero que invita a una cerveza, el baño que se inunda “porque vivimos en un bajo“, los carnavales sonando en noviembre “porque vivimos en La Viña”, adoquines que hacen imposible usar tacones, de nuevo “la petróleo” entrando en tu portón y gritando bajo tu ventana, e te ce, e te ce.
Y es que la vida en la calle La Parma da para mucho, hay quienes no le ven el encanto, otros que están encantados con vivir aquí y otras como yo que no soportan la vida en comunidad y que anhelan el silencio de su casa.
Quizás tienen razón cuando dicen que lo barato sale caro.





